Era 2011 y esta canadiense de 18 años estaba de año sabático. Acababa de pasar un mes en Bali, de camino a una excursión por Nueva Zelandia. Se lo estaba pasando tan bien que incluso había pensado en aplazar sus estudios universitarios un año más para poder trabajar en el extranjero.
En su última noche en Bali, ella y algunos compañeros mochileros salieron a una discoteca en el barrio de Kuta, donde les sirvieron cócteles en botellas de agua de plástico.
A la mañana siguiente, tuvo lo que creyó que era la peor resaca de su vida. Recién llegada a Auckland, estaba tan agotada que apenas podía moverse. Su iPod parecía haberse estropeado, ya que la pantalla no se encendía al tocarla. La iluminación de su hostal era tan deficiente que no paraba de trastear con los interruptores. El dolor de cabeza no desaparecía. Tenía dificultad para respirar.
Finalmente, King se daría cuenta de que no tenía resaca. Sufría de intoxicación por metanol.
Los cócteles que bebió en Kuta probablemente contenían metanol —un disolvente transparente e inodoro que se produce de forma natural en el proceso de destilación del alcohol, pero que tiene efectos secundarios potencialmente mortales si se ingiere— en lugar de vodka.
“Investigué un poco porque mi madre estaba bastante preocupada por mi viaje a Bali”, cuenta King. “Consulté la página web canadiense de viajes para ver si había algo sobre Bali que debiera saber”. Lo único que se mencionaba, dice, eran los atentados de Bali —los ataques terroristas de 2002 contra discotecas en Kuta que dejaron 202 muertos— y los carteristas.
No hubo ningún problema con la pantalla del iPod. King ahora está ciega, una consecuencia permanente de la intoxicación por metanol.
King había oído historias sobre alcohol adulterado. Pero sentía que estaba tomando precauciones. Para ella, el riesgo se limitaba a las situaciones de consumo de alcohol en la calle, que obviamente eran sospechosas.
“Nunca se me ocurrió que algo así pudiera ocurrir en un bar”, afirma. “Estuve en un bar recomendado por Lonely Planet. No estaba bebiendo en una choza cualquiera al borde de la carretera”.
“No puedes prepararte para algo si no sabes que existe. Pensé que preferiría que me atacara un tiburón antes que quedarme ciega”.
Es probable que nunca se conozca el número de personas que han muerto, quedado ciegas o con lesiones permanentes por intoxicación con metanol. Sin embargo, periódicamente ocurre un caso significativo que vuelve a poner el tema en los titulares internacionales.